Empleo y más igualdad: llevarlo a la práctica
El pasado jueves el ex ministro de Hacienda Andrés Velasco presentó públicamente el libro, de sugerente título, que escribió junto a Cristóbal Huneeus: “Contra la desigualdad, el empleo es la clave”. Se trata, sin duda, de una contribución valiosa, que enriquecerá el debate público sobre el tipo de sociedad hacia el que queremos avanzar y las políticas públicas más apropiadas para conseguirlo, con una mirada que, además, estimo en general acertada. En efecto, quienes tenemos ahora la responsabilidad de colaborar en la conducción del Gobierno de Chile suscribimos completamente la idea central del libro de Andrés Velasco, a saber, que la mejor vía -aunque ciertamente no la única- para generar más oportunidades y reducir la desigualdad de ingresos es la creación de empleo. Y, de hecho, en lo ocurrido en nuestro país en los últimos dos años el ex ministro podrá encontrar la mejor evidencia empírica para corroborar su tesis.
Según los datos del INE, desde el inicio del actual período presidencial, se han creado 570 mil puestos de trabajo en nuestro país. Con ello se ha reducido la tasa de desocupación, es decir, la proporción de quienes desean trabajar y no consiguen hacerlo, de un 9 a un 7,2%. Y, lo que es más importante, la tasa de ocupación, es decir, la proporción de personas en edad de trabajar que efectivamente lo hacen, cuestión decisiva para el desarrollo de los países, creció del 52,5 al 55,4%, cifra que constituye todo un récord.
Ahora bien, los más beneficiados con este importante incremento del empleo han sido los sectores más vulnerables. Así, según la Encuesta de Empleo de la Universidad de Chile, encuesta que ocupa la misma metodología desde hace más de cinco décadas, si en 2005 la cantidad de personas con trabajo en los hogares del decil más pobre era en promedio 0,85, en 2011 esa cantidad llegó a 1,1. En cambio, en los hogares del decil con mayores ingresos en ambos años la cifra se mantuvo invariable en 1,65.
Por otra parte, el beneficio ha sido particularmente relevante entre los más vulnerables de los vulnerables, es decir, entre las mujeres y los jóvenes más pobres. Así, la tasa de desempleo de las mujeres del decil con menores ingresos, que entre 2000 y 2009 había sido en promedio del 41%, entre 2010 y 2011 se ha reducido en promedio a 33%, mientras en esos mismos lapsos la tasa de ocupación promedio de ese sector subió del 19 al 22%. Y en cuanto a los jóvenes del decil con menores ingresos, el desempleo se redujo entre los mismos períodos del 56 al 48% y la ocupación creció del 24 al 28%.
La consecuencia de todo ello es que estamos cumpliendo ahora con el objetivo de reducir la desigualdad. La misma Encuesta de Empleo de la Universidad de Chile muestra que si entre 2000 y 2009 los ingresos de los hogares del decil más aventajado fueron en promedio casi 21 veces superiores a los de los hogares del decil más pobre, esa diferencia se ha reducido en el período 2010-2011 a un promedio de 15 veces, lo que supone una significativa reducción de la brecha de ingresos de los hogares más ricos y pobres.
Lo anterior se verá reforzado por otras políticas públicas que impulsa el Gobierno de Chile, como el Ingreso Ético Familiar, programa de transferencias condicionadas que busca mejorar de manera inmediata la situación de las personas en situación de pobreza extrema, al tiempo que se las incentiva a avanzar hacia la autosuperación y alcanzar la autonomía. Y uno de los estímulos que el programa prevé es una bonificación del 15% de su remuneración, por dos años, para las mujeres que trabajen, que en este caso se extenderá más allá del umbral de la pobreza para alcanzar al 30% más vulnerable de nuestra población.
Y tampoco hay que olvidar el inédito esfuerzo que se está haciendo en educación, la gran palanca de movilidad social, que permitirá mejorar la cobertura, las condiciones de financiamiento y la calidad de la formación literalmente desde la sala cuna. De hecho, comprometimos cobertura universal al 60% más vulnerable en prekínder y kínder, hasta la educación superior.
Los antecedentes aportados y las políticas públicas que este gobierno está aplicando permiten comunicar la buena noticia de que, por fin, el modelo comienza a reducir la desigualdad.
Columna publicada en El Mercurio

