Comisión Defensora Ciudadana

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Ministerio Secretaría General de la Presidencia

Una operación de urgencia que tardó más de lo necesario

Matías Espino Hernández tiene 12 años y desde los ocho ha vivido con un mal llamado espectus excavatun, que se trata de un hundimiento en su pecho. Este mal formación, con lo años, fue complicando su crecimiento y respiración, pero además se ahondaba con una carga social importante que redundó en el aislamiento del niño, pues ya no quería ni siquiera salir a la calle.

Jugar con sus amigos se transformó en una pesadilla; asistir a un paseo familiar o de curso de fin de año era una complicación que Matías prefería evitar. Su madre lo entendía y por eso quería que el problema de su hijo fuera solucionado a la brevedad.

Con todo aquello también estaba el tema médico de Matías. El “espectus excavatus” es la malformación congénita de la pared torácica, una suerte de hundimiento pronunciado que produce dolores y va atrofiando la espalada, por que los huesos crecen hacia el interior. Su madre Beatriz Hernández, de 32 años de edad, ha debido enfrentar el peso de esta realidad, puesto que es ella quien parte con su hijo al médico, a urgencia o eventualmente a un Servicio de Asistencia Médico de Urgencia (SAPU).

A principios de 2010, Beatriz llevó a su hijo al hospital Padre Hurtado. En la ocasión, señala Beatriz, “la atención fue super rápida. El médico tratante pidió exámenes rápidamente y me dijo que quedara a la espera de una hora para la operación. Me fui tranquila por la forma en que me había atendido. Parecía que la operación sería pronto”. No fue así, pasado unos meses la madre no recibía respuesta. “Pasaba el tiempo y me comencé a desesperar, además mi hijo se veía cada vez más afectado”.

Efectivamente, cada vez que iba a consultar al médico, este le decía que ya iba a salir la fecha, pero eso no sucedió. En junio de 2011, ya sin respuestas y con la desesperación a cuestas, el mal de Matías comenzó a hacerse sentir. De urgencia llegó a la posta con su hijo, que presentaba latidos fuertes, tiritaba y sudaba. Fue en ese momento de tensión que Beatriz llegó a la Comisión Defensora Ciudadana. “La verdad, no sé cómo llegué, sólo sé que mandé un email y para mi sorpresa me pusieron en contacto con un abogado”.

Beatriz Hernández debió esperar un año y seis meses por una operación de carácter urgente para su hijo. El 28 de septiembre de 2011, Matías fue intervenido. La intermediación de la CDC permitió que el carácter de urgente de la intervención fuera respetada.

“Esta es una enfermedad física y sicológica. Mi hijo ha pasado por periodos fuertes, pero afortunadamente ya dimos un paso en conjunto. Fue operado y yo de verdad sólo puedo agradecer al trabajo de la Comisión”, dice Beatriz. Luego de 15 días en el centro asistencial, su hijo fue dado de alta el 11 de octubre de 2011. Ya está en casa, en proceso de recuperación y con visitas constantes a controles médicos que son necesarios en esta parte de la recuperación.

Si bien el hijo de Beatriz nunca corrió peligro de vida, la deformación congénita iba en esa dirección en el mediano o largo plazo. La hundidura en su pecho le había formado una joroba que afectaban no sólo su salud, si no su estado de ánimo.

Todo lo que se requería era una intervención donde se debía injertar una placa, que era la excusa para decirle a Beatriz por qué aún no se podía llevar a cabo la operación. Felizmente esta historia termina de la mejor manera.