Sandra Herrera, Lo Espejo: “No sabía que tenía derecho a intermediación”
Su hijo estaba a punto de quedar ciego si no era inmediatamente intervenido quirúrgicamente, y aun cuando está declarado legalmente discapacitado, se postergaba sin razón lógica la operación. La intermediación de la Presidencia de la República y la CDC logró resolver en 2 días el problema que se arrastró por 3 meses.
Sandra Herrera es la madre de Paulo Moraga, de 22 años de edad, quien está afectado por diversas dolencias de origen genético, entre las que se cuentan: microftalmia de ojo derecho, hidrocefalia, dextrocardia, y otras. El ojo izquierdo de Paulo es el único que tiene visión, y estaba afectado por un glaucoma, con elevada presión intraocular.
El tratamiento por este glaucoma se extiende durante los recientes 4 años, pero en los recientes meses se vio agravado por la presión en el ojo. Esto ponía en peligro la estructura misma del globo ocular, por lo que resultaba urgente la instalación de una válvula. Aquí surge el primer problema de Sandra, pues el costo de la denominada “válvula de plato sensible” es superior a medio millón de pesos, monto que era inalcanzable para ella, pues al momento de esta situación llevaba varios meses desempleada. Sandra acudió a casi todas las instancias pertinentes para superar esta valla. Su hijo es reconocido por el sistema público de salud como persona con discapacidad. Esto debería traducirse en gratuidad de atención, pero no resultó así en este caso.
Ante las postergaciones, ambos trataron de resolver el problema a través de la Municipalidad de Lo Espejo, pero el intento resultó infructuoso. Sin embargo, el paso por ese lugar sirvió para que Sandra se enterara de la existencia de la Comisión Defensora Ciudadana. Al percatarse de la urgencia de la situación, la Presidencia de la República y la Comisión gestionaron al más alto nivel que se concretara a la brevedad el financiamiento de la válvula requerida y la intervención quirúrgica, la cual se realizó gratuitamente en la Fundación Los Andes. Así, el problema de Sandra y Paulo se resolvió en 3 días.
“Yo no sabía que tenía este derecho. Me veía muy desesperada porque no me daban una solución, pero no sabía esto de la intermediación. Cuando una acude ante una autoridad, piensa que esa es la última palabra. Yo sabía que estaba en mi derecho, pero no sabía cómo hacer valer lo que le correspondía a mi hijo. Sólo veía que se cerraban las puertas y que estábamos perdieron tiempo vital. Los médicos me decían que en menos de una semana mi hijo podía perder definitivamente la visión de su ojo izquierdo, que es lo único que tiene. Es una visión muy limitada, pero le sirve para leer revistas. Él tiene que acercarse mucho las revistas para poder leer. Y eso le encanta. Paulo tiene problemas congénitos, y eso me obliga a ayudarle en varias cosas básicas, como bañarse. Para nosotros era vital poder salvar su ojito, porque eso significa demasiado en su caso”, expresa Sandra.
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